...La reina, en un grueso manto encapuchado, accede a la tienda tras franquear el águila imperial, clavada en tierra, a la que mira con desprecio… frente a él, retira su capucha, separa la capa mostrando sus manos y sus firmes senos musculados por la lucha... ¡Menudo mujerón!.. Esbelta, alcanza casi su estatura, ojos ardientes, desafiantes, la espesa cabellera cae, flameante, como río de lava suave, desciende hasta sus caderas. El torque dorado en su cuello muestra su elevado estatus social tribal. No lleva trenzado el cabello, como es costumbre icena en batalla, su suave túnica, anudada en el hombro derecho...
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