Siglo XIX. Las mujeres europeas van totalmente cubiertas con incómodas faldas largas, sombreros de ala ancha y guantes. La esperanza de vida ronda los cuarenta años, así que a partir de esa edad una mujer es considerada ya una anciana. Depende, en todo, primero del padre y luego del marido, de modo que si enviuda lo que se espera de ella es que solo salga de casa, enlutada de por vida, para ir a los oficios religiosos. Marie Barbe Antoinette Rutgeerts Van Langendonck es una mujer belga de la baja nobleza a la que le encanta leer y escribir y, de hecho, ha publicado dos libros de poemas. Se casa con un militar y tiene dos hijos que emigran a Brasil. A los 59 años se queda viuda y un año después hace las maletas, coge un barco de emigrantes y cruza el temible océano en busca de dos objetivos que para una mujer resultaban entonces tan desconocidos como inconvenientes: la libertad y la naturaleza selvática...
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