El amor tiene límites, sobre todo uno: dar la vida por amor, por hacer el bien a los demás. Más allá de eso no se puede amar.
El odio, en cambio, no tiene límites. Su fin no es hacer el bien, sino el mal. Y hay ocho mil trescientos millones de personas a quienes hacerle el mal, a quienes odiar. No hay tiempo para odiar tanto. Por eso, quienes odian concentran su odio en unos cuantos que le interesan. E intentan hacerlo sin límites.

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