El despacho de Cira García Domínguez (Madrid, 50 años) huele a incienso y a su perfume. Además de un pequeño altar con esencias, en las paredes hay cuadros de colores vivos, fotografías, una mesa con plantas que no acaban de germinar y una toga negra que cuelga del perchero. “Paso tantas horas aquí que por lo menos esta parte quiero que se parezca a mi casa”, bromea. Magistrada del Juzgado de Violencia sobre la mujer número 1 de Getafe (Madrid), cuenta que un día, a eso de los siete u ocho años, llegó a casa del colegio y soltó la frase: “Yo quiero ser jueza”. “Mi madre me dijo: mejor abogada porque siempre estás defendiendo causas perdidas. Mi abuela respondió: mejor sindicalista; lo de reivindicar se te da muy bien. Y aquí estamos”, dice. Lleva trece años escuchando historias de violencia, y reconoce que a veces se tiene que retirar a un cuarto cuando la sobrecarga emocional le supera.
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Tienes que llegar a ser lo que quieras ser, lo que ames ser.

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