miércoles, 12 de agosto de 2020

Dicho en el pasado. Tiempo




Y vamos avanzando. Uno quiere ir despacio, pero la vida se empeña en que los días transcurran a una velocidad excesiva, muchas veces superior a la que nuestra conciencia es capaz de digerir. Hay una dictadura sin remedio, que, a veces, resulta gratificante y, a veces, nos parece insoportable. Es la dictadura del tiempo. Saber que todo se acabará me aporta una especie de urgencia por vivir, por vivir intensamente cada día, por valorar cada instante, cada situación que se me presente. Cada momento no puede ser un tiempo muerto, una vivencia similar a la de tantos días iguales, sino la ocasión para hacer reales y vivos, en la medida de lo posible, los valores en los que creo. 

La vida tiene dos ejes. Uno, horizontal, el de la extensión, el del avance del tiempo, el de la trayectoria personal e inexorable que empezó un día y que acabará otro. Otro, vertical, el de la intensidad, el que nos hace reír y llorar, estar alegres o tristes, ser generosos o egoístas, solidarios o individualistas. Me parece más importante el eje vertical e intento situarme en él con la cota más alta posible. Mientras pueda. Y mientras sepa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes expresar aquí tu opinión.