Hay que buscar en la vida -y ofrecerle a los demás- elementos agradables, detalles valiosos, sonrisas regaladas, palabras reconfortantes, gestos de alegría, retazos de humanidad. Y hay que saborearlos, valorarlos, recordarlos y darles más importancia que a la putrefacción ficticia con la que el poder ec0nómic0 quiere preparar nuestras mentes para que llegue el fa5c1sm0.
Que la bondad y lo agradable llenen nuestras mentes, sin dejar de ser cróticos con lo que hay.
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