Tal día como hoy de 1962 murió Isak Dinesen (Karen Blixen), autora de Memorias de África.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
En un mundo en el que ya las mujeres no solo acceden a la educación superior (al menos en España) sino que destacan en la misma, es justo reconocer quién inició este avance, sin desmerecer a todas aquellas que con sus esfuerzos –y muchas veces contra los prejuicios y ataques de los hombres– se hicieron un hueco.
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Ya se notan con claridad en la vida cotidiana los efectos molestos y degradantes de la incultura. Han transcurrido demasiados años en los que muchos padres y madres se han olvidado de educar humanamente a su prole y de que se empequeñecieran o desaparecieran de los planes de estudio las asignaturas que hacían reflexionar a los alumnos y a las alumnas y ayudaban a desarrollar su pensamiento crítico. Ahora vivimos de esas inacciones y de esas ausencias.
La cultura es la manera de vivir como seres humanos entre el resto de seres humanos, sin que haya que prescindir de ninguno y sintiéndose todos relacionados con los demás, precisamente por su humanidad.
La cultura es distinta de la instrucción. Esta se adquiere en la escuela, desde el parvulario a la universidad, y desarrolla en el ser humano su capacidad de convertirse en un experto en algo. La cultura, en cambio, se comienza a construir en la familia, en donde se adquiere la costumbre de tener buenas conductas y de asimilar en la vida valores humanos, constructivos y solidarios. El contenido de estas conductas y estos valores conseguidos en la familia se justifican luego en la escuela: si en casa te inculcan la norma del respeto a los demás, en la escuela te deberían dar las razones de por qué hay que hacerlo, o si en casa te dicen que hay que comer despacio y masticando mucho, en la escuela te deberían decir el porqué de tan higiénica costumbre, o si en casa te han acostumbrado a seguir la norma de ser solidario, en la escuela tendrían que justificarte por qué es más humano ser solidario que egoísta.
Sin embargo, se ha ido extendiendo la práctica de no acostumbrar al joven, ni en la familia ni en la escuela, a seguir normas para desarrollar una vida humana, ni a desarrollar los valores convenientes para tal propósito, con lo cual no solo ha salido de la mente del ciudadano la ética, sino que su vida se ha ido empobreciendo y embruteciendo, hasta hacerla muchas veces desagradable para los demás y difícilmente vivible para todos.
Los valores que convierten a alguien en un ser humano y al mundo en un lugar de acogida para todos se han ido convirtiendo en rarezas, dando paso a la figura del bruto con aspecto humano, pero bruto. Se echan en falta el respeto, la libertad, la igualdad... La solidaridad ha desaparecido de la práctica común, siendo sustituida cada vez más por un individualismo absurdo y un deseo egoísta de acaparar dinero de la manera que sea -porque vale cualquier método- y a costa de quien sea. Algunos zoquetes con intereses han hecho creer a los más vacíos que la libertad no consiste en ser capaz de hacer lo que se debe hacer, el bien, sino en elegir los caprichos que cada cual tenga o los que pueda pagarse. La igualdad, que se concreta en las igualdades, va cuesta abajo, porque aún hay muchos contravalores egoístas y particulares en la mente de muchos ciudadanos. Todavía hay, por ejemplo, quienes creen, dejándose llevar por una ignorancia injustificable y culpable, que el feminismo es algo superfluo que no es necesario conocer bien. No se dan cuenta de que, al igual que ocurre con la democracia, el feminismo es la única manera de conseguir la igualdad real entre los hombres y las mujeres. Los listos que creen que el feminismo no es necesario ni merece la pena, actúan como brutos machistas inhumanos en cuanto las circunstancias les sobrepasan un poco.
Continuará
Tal día como hoy de 1960, Leopold Senghor, autor de Obra poética, es elegido presidente de Senegal.
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Tal día como hoy de 1989 murió Georges Simenon, autor de La nieve estaba sucia.
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No hay que irse a otras vidas ni a ningún más allá para darse cuenta de que el mundo no es uno solo. Hay muchos mundos, todos ellos en esta vida.
Está el mundo que nos enseñaron de pequeños, ese que algunos creyeron que era el único y del que aún no han salido.
Está también el mundo que ha ido evolucionando, que es distinto del anterior, y del que hemos tomado algo de conciencia.
Está el mundo real.
Está el mundo que cada uno cree que es el real.
Está el mundo que queremos que sea real y que todos llevamos en la cabeza.
Está el mundo que los más interesados en el dinero se inventan no mirando la realidad, sino solo la parte que les interesa.
Está el mundo de quienes quieren mejorarlo para todos.
Está el mundo de quienes quieren servirse de todos para mejorar su propio mundo.
Hay bastantes mundos más.
Con tantos mundos existentes, es ridículo observar a algún intelectual a medio hacer, pero con poder y con deseo compulsivo de dinero, dando lecciones huecas sobre lo que hay que hacer con el mundo, engañando a los poco enterados para agrandar su propio bolsillo, y destrozando lo bueno que va quedando para crear un grupito de gente inmensamente rica, pero sin conciencia, que gobiernen lo que hay para crear su propio mundo, en el que no quepan más que ellos. Es gente que está sola, pero que no quiere reconocerlo, que es individualista, pero que le da igual, y que utiliza a los demás para explotarlos o para que le aplaudan y parezca que son más, pero que es tan desagradecida que no hace nada por ellos. Es gente egoísta, que solo piensa en ”su mundo” y que lo último que haría en la vida sería admitir que el único mundo importante en la vida es el mundo de todos.