jueves, 19 de enero de 2012

La selva y la ciudad



El neoliberal está más cercano a la naturaleza que el socialista. Aquél cree en la libertad, que le permite luchar frente a los otros. Cree en la eficacia del poder, de la fuerza. Y cree en la salvación individual, en la resolución por cada uno de sus propios problemas. Su mundo es una especie de selva decorada con leds y con corbatas de Hermés, en donde viven él y los suyos.

El socialista, en cambio, ha dado el difícil paso de la cultura. Ha logrado sustituir la lucha contra el otro por la colaboración con todos. Cree en la salvación colectiva, le gusta la libertad, pero, sobre todo, cree en el valor y en la eficacia de la igualdad, de la justicia social y de la solidaridad. Su mundo es la ciudad, en la que caben todos los seres humanos. Ha descubierto al otro, que también es, como él e igual que él, un ser humano.

miércoles, 18 de enero de 2012

Asco y pena


Escultura de Marino Marini

Miro hacia arriba y siento asco. Miro a mi alrededor y me da pena y, en algunos momentos, miedo. Y lo malo es que tengo que mirar para vivir.

El neoliberal



Un neoliberal, por definición, va a lo suyo. Su mente, tan peculiar, le hace creer que la felicidad general es la suma de las felicidades individuales, cosa que cada cual tendrá que gestionarse como pueda. Tú le interesas a un neoliberal en la medida en que le puedes aportar beneficios. Si no, pasa de ti y te deja que te busques la vida como se te ocurra. Imagínate a un neoliberal, por ejemplo, en operaciones de salvamento, de riesgo, de esfuerzo, de servicio. No quiero ni pensarlo.

martes, 17 de enero de 2012

Superación



El deseo de superación está en la base de la creación, especialmente de la creación de la propia vida, de la creación de uno mismo como ser humano.

lunes, 16 de enero de 2012

Ruido y estupidez



Según mis últimas observaciones, el grado de estupidez corre parejo a la cantidad de ruido innecesario que un individuo genera en su vida cotidiana.

sábado, 14 de enero de 2012

Lo contrario




Escucho lo que dicen. Observo lo que hacen. Me fijo en la manera de tratar a los ciudadanos, que son los que les pagamos para que gobiernen, no para que se beneficien ellos. Soy sensible al tono que emplean cuando dicen algo. Me doy cuenta de sus silencios, de sus ausencias, de su horror a que les pregunten, de las contradicciones entre lo que dicen y lo que hacen. Tomo nota de las maniobras que hacen y que no todos los medios de comunicación reflejan fielmente. Fácilmente detecto las manipulaciones que efectúan, las barbaridades que hacen y dicen sin rubor. Siento vergüenza ajena viendo cómo sobreactúan para hacer pasar una cosa por su contraria. Me duele la cantidad de veces que me he sentido tratado como un tonto al que intentan colar lo que a ellos les interesa.

Así que he tomado la determinación de entender justamente lo contrario de lo que diga alguien del PP cuando hable. Cuando digan que saben lo que hay que hacer, entenderé que no tienen ni idea, porque si la tuvieran, lo harían. Cuando le echen en cara a los demás algo negativo, entenderé que lo negativo lo tienen ellos y que quieren desviar la atención de los incautos para así irse de rositas. Cuando digan de los demás que improvisan, que son corruptos, que han mentido, que no buscan el interés de todos, que no es bueno que suban impuestos o cualquier otro asunto que se les ocurra, entenderé justamente lo contrario de lo que digan. Ni quiero que me tomen por tonto ni quiero volverme loco oyendo una cosa y viendo la contraria.

Deberías pensarlo. Son muy peligrosos.

Ana Belén y Víctor Manuel: A los hombres que amé


viernes, 13 de enero de 2012

El sabor del mundo



Cuando hay ganas de trabajar y todos tenemos buena voluntad y tratamos de poner lo mejor de nosotros mismos y vamos a construir y no a destruir y no se juzga, sino que se coopera para resolver los problemas, y somos amables y cariñosos y generosos y valoramos lo acertado y nos cuidamos y nos apoyamos, cuando todo es de todos, el mundo sabe riquísimo y se disfruta un montón comiéndoselo.

jueves, 12 de enero de 2012

Horas



Hay horas en las que querrías que el día no acabara nunca y hay otras, sin embargo, en las que desearías que no empezara jamás.