Tener muchos años no implica necesariamente ser viejo.
La edad lleva a la ancianidad, a una existencia dilatada en el tiempo.
La vejez es otra cosa. La ancianidad no conlleva un deterioro evidente. La vejez, sí. Por eso la vejez puede sobrevenir a cualquier edad, en cuanto el pensamiento, la idea de uno mismo, de la realidad y la relación del yo con el mundo se paran, y la formación de la persona como ser humano cesa.
Nacemos para crecer física, mental, ética, estética y socialmente. No tiene sentido limitar la vida a lo que le ocurra al cuerpo.
En la vejez todo este mecanismo se para e, incluso, se desprecia.
Ante la ancianidad los médicos y la propia persona pueden hacer algo.
Ante la vejez solo uno mismo puede prepararse con tiempo y actuar.
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