domingo, 9 de agosto de 2026

Amar



 

Amar a una persona es intentar ayudarla a vivir su vida a cambio de nada.

Lo que mueve a una persona a amar es el bienestar y la felicidad de la persona amada, no los suyos propios.

Amar a alguien para que nos haga felices es una burda manifestación de egoísmo.

Lo que hace que un acto sea amoroso no es su contenido, sino la motivación de quien ama. Hay actos aparentemente generosos que no están motivados por el deseo de que la persona amada sea feliz, sino por que quede bien claro quién realiza el acto, quién se sacrifica, quién quiere que lo consideren importante, quién desea que le reconozcan eternamente lo que ha hecho o quien aspira a que la persona amada -o alguien de su entorno- recuerde siempre la valía de los actos realizados y de su autor.

Cuando el amor es recíproco, surge la amistad, y sobre esta base puede surgir el deseo de una convivencia amorosa.

El amor se puede desarrollar con intensidad con una o unas pocas personas, pero cuando se convierte en una actitud básica en la vida y en la personalidad de alguien, su campo de acción se extiende hasta donde pueda llegar.

Se debe amar todo y a todos, especialmente a quienes entren en nuestro mundo, pero no se los puede amar a todos con la misma intensidad, aunque se les quiera amar.





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