domingo, 16 de agosto de 2026

El agujero

 



Yo creo que el fascismo entra tan fácilmente por cualquier resquicio en la vida cotidiana de algunas personas porque es profundamente inhumano e inculto. Ser inculto es más fácil que no serlo, porque basta con dejarse llevar por los impulsos más primarios y más gratificantes para uno mismo. 

La cultura no consiste en saber muchas cosas, sino en encontrar una manera de que las vidas de cada uno y la de la colectividad sean cada vez más humanas. Eso implica, entre otras cosas, tener en cuenta al otro, a los otros, respetarlos, valorarlos, cuidarlos, tratarlos como iguales a nosotros, aprender de las diferencias, darles voz y escucharles.

El neoliberalismo que padecemos, que nos obliga a competir constantemente para ganar no se sabe qué, hace que el complejo de inferioridad que produce se extienda como una mancha de aceite sucio por las mentes de cada vez más personas. Estas intentan defenderse sacando a la luz sus egos, cayendo en un egoísmo burdo y creciente. El otro, sus derechos y su humanidad caen pronto, y, con ellos, el respeto, la igualdad y los valores humanos, dejando abierto un agujero vital por el que entra la forma más embrutecida del egoísmo, un fascismo cotidiano y muchas veces inconsciente.

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