Es importante saber diferenciar el sonido del ruido.
El sonido contiene siempre armonía, una estructura interna pensada y expresada en formas bellas, sugerentes, inteligibles y en una cantidad adecuada para que no resulten molestas.
El ruido, en cambio, no posee ninguna de estas características, puede resultar molesto para las personas, altera el equilibrio de la mente y se convierte en uno de los tipos de contaminación menos tenidos en cuenta en la sociedad.
El sonido tiene capacidad para invitar a la reflexión, al análisis tanto de uno mismo como de la sociedad, puede producir sosiego, pacificar el ánimo y permitir una conversación tranquila entre seres humanos que se escuchan.
El ruido no invita a nada de esto, sino que excita el ánimo, afecta a los sentimientos, contiene gritos, palabras en voz alta o motores produciendo excesivos decibelios. Molesta a quienes lo escuchan, evita cualquier reflexión, por lo que es buscado por quienes huyen de cualquier análisis, tanto personal como colectivo. Los efectos negativos de la contaminación acústica, tanto psicológicos como fisiológicos, son enormes, aunque no siempre son vividos de manera consciente por quienes la sufren.

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