Tuve que ir a Urgencias al Hospital. Los motivos no vienen al caso, pero resultó que no eran graves. En el Triaje me recibió una enfermera muy amable a la que le conté lo que me sucedía. Me envió, guiado por una celadora, a una butaca en un pasillo, porque todo estaba lleno de pacientes. Por el camino, un empleado de la limpieza le contaba a alguien por teléfono, casi a gritos, como si no creyera en la tecnología telefónica, que ya había limpiado veinte cuartos de baño y que aquello era demasiado. Luego lo vi cambiando bolsas de basura de las habitaciones. Primero las llevaba en un carrito hacia la izquierda, y luego, a mano, hacia la derecha. Esperé un rato y vino una médica muy amable, que ya se olía lo que me pasaba. Le conté lo que me ocurría y con firmeza, pero con amabilidad, me aclaró ciertas cosas que antes ningún médico me había explicado. Me dijo que, en cuanto saliera un paciente de una habitación, me haría un par de pruebas. La primera dio buenos resultados, aunque tuvo que cambiar de aparato, porque el que había allí no funcionaba. La segunda se la encargó a una enfermera. Esperé un poco y el resultado fue también positivo. Volví a la butaca del pasillo y, tras esperar un rato, acudió la médica. Me dijo que había un ingreso un poco grave y que luego vendría a verme. Vino solo para decirme eso. Tras la correspondiente espera, volvió con el informe que entregan aquí -no en todas partes hacen lo mismo- cuando te dan el alta. Me dijo que no había nada grave y me hizo algunas recomendaciones. Le agradecí la claridad de todo lo que me había explicado y la facilidad con la que había logrado que me tranquilizara. Me dijo que ya me podía ir y me fui. En la puerta leí el informe, que ocupaba un folio por las dos caras. En la primera venía el historial de lo que había ocurrido. En la segunda figuraba solo el nombre de la estupenda médica. Era árabe.
Quien entienda que saque sus conclusiones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes expresar aquí tu opinión.