Hace ya tiempo que las calles parecen haber olvidado aquello que un día celebraban. Hoy, la palabra que durante tanto tiempo estuvo prohibida por sus implicaciones sociales, ha perdido su fuerza. Si recordar en su acepción más clásica se relaciona con el corazón, puede decirse que vivimos en un país que lleva los últimos cuarenta años intentando arrancárselo de cuajo. La libertad ya no se tiñe de carmín, sino de ese color purpúreo que solo el privilegio puede lograr. ¿En qué momento hemos perdido la humanidad en favor de una libertad sesgada, comprada y juiciosa? El caos, el odio y la manipulación se han hecho norma, siempre con esta palabra como bandera. Pero, libertad ¿para qué? ¿Dónde está el límite entre su libertad y la violencia?..
Puedes leer el artículo de Mónica de la Cuesta González pulsando aquí.
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