Hay historias que se centran en una trama, cuyos personajes se presentan sometidos al vaivén de acciones continuas y a la sucesión de piezas que encajan o se desbaratan en unos minutos. Su relevancia se ve reducida a lo que ésta dictamine y a algún plano concreto, aislado, que se convierta en icónico por alguna razón. Otras, por el contrario, se centran en qué sienten las personas, pero de un modo natural; nada de superficialidad, ni extravagancia. En el caso de “La hija oscura” (2021), guionizada y dirigida por Maggie Gyllenhaal (Nueva York, 1977), y basada en el relato de la misteriosa Elena Ferrante (Nápoles, 1943) –pseudónimo de la escritora italiana que acumula ya varios éxitos-, esa sutileza y descarnada intensidad no se traducen en sangre, ni gritos, sino en la cotidianidad de quien vive y recuerda, acepta y calla...
Puedes leer el artículo de María Rodríguez Velasco pulsando aquí.