Mostrando entradas con la etiqueta antropocentrismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antropocentrismo. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Por qué usas las pieles de los animales?



¿Por qué hay personas que se abrigan con ropas fabricadas con pieles de animales? Muchas de estas personas no conocen el sufrimiento atroz que se infringe a los animales para obtener sus pieles. Otras lo saben, pero no tienen la sensibilidad necesaria para condenar estas prácticas. ¿Por qué hay personas que van destrozando la naturaleza, a veces para obtener beneficios y otras porque sí, porque se creen con el derecho a hacerlo? ¿Por qué se ponen en peligro y se eliminan especies por sobreexplotación o por vertidos tóxicos? ¿Por qué sufrimos las consecuencias de un efecto invernadero generado por la actividad humana? ¿Por qué el debilitamiento de la capa de ozono está poniendo en peligro nuestra salud?

Las respuestas a todas estas preguntas son complejas y tienen matices muy variados, pero por debajo de todas ellas late una idea antigua, trasnochada y peligrosa: la de que el humano es el ser más importante de la Naturaleza -el ser más importante de la creación divina, decían los medievales-, el rey del mundo, el ser a cuyo servicio debe estar toda la realidad.

Este antropocentrismo, que tantas vidas de seres de la naturaleza, incluidas las humanas, ha costado, debería ya haber sido criticado y rechazado por las mentes de los seres humanos del siglo XXI. Cualquier ser humano actual, que haya sido educado en un pensamiento racional sano y en una ética ecológica libre de supersticiones y de preceptos religiosos irracionales, debería tener claro que el ser humano es un ser más de la Naturaleza, no el principal ni el más poderoso, sino uno más. Más complejo, si se quiere, con más posibilidades, pero también con más responsabilidades y con más capacidades para actuar sin tener que seguir pautas brutas propias de seres menos dotados que él.

No hay manera de que el ser humano actúe respetando la Naturaleza como no se base en valores culturales como el respeto y la igualdad. El neoliberalismo económico y mental en el que estamos inmersos, muchas veces sin ser conscientes de ello, propone como normal el uso y el abuso de la Naturaleza para obtener beneficios en favor de los usuarios. Una ética humana, ecológica, igualitaria, respetuosa y con un futuro vivible por todos nunca podrá justificar estas prácticas ni considerará al ser humano como el eterno privilegiado de la Naturaleza. Somos uno más entre todos. Todos tenemos derecho a ser.

domingo, 24 de abril de 2011

Toros



La clase bruta saca pecho, incluso en Francia, el país que considerábamos como el lugar del refinamiento, de la exquisitez, de la elegancia. Ahora resulta que han inscrito las corridas de toros como Patrimonio Cultural Inmaterial. Patrimonio, aparte de su etimología machista, se entiende como equivalente a algún objeto de valor que se posee, lo que en el caso de los toros está por ver. Aclarar lo que es la cultura es una tarea difícil y larga, pero, desde luego, hay que tener la manga muy ancha y la mente muy corta para meter en ella los toros. Habrá quien quiera meter también en el Patrimonio la matanza del cerdo. Lo más incomprensible es lo de inmaterial. No sé en qué conceptos de materia y de forma estaría pensando el intelectual que diseñó el título de este disparate, pero que le pregunten a los toros si lo que hacen con ellos es inmaterial o no.

Detrás de todo esto me parece que hay una mentalidad vieja y antigua, aquella que se inspira en un antropocentrismo cruel que sitúa al hombre por encima del resto de los seres de la Naturaleza y los pone a todos a su servicio. Puede justificarse que se mate un animal o una planta para que el hombre se alimente, pero ¿cómo justificar que se sacrifiquen cruelmente animales para hacer abrigos o para que unos desocupados se distraigan viendo el sufrimiento de unos toros? Cualquier historia que se esgrima para intentar hacer ver que esto no es una barbaridad termina, según lo veo yo, en una idea del hombre como el gran ser situado en el centro del mundo y con todo lo que existe a su servicio. Algunos, incluso, para hacer ver que las cosas son así, se ponen también a sí mismos al servicio de un ser superior, un dios de turno, y se quedan tan tranquilos.  Los conceptos de igualdad en el derecho a la vida, de respeto, de evitar el sufrimiento y la tortura les caen muy lejos aún.

Cuando Copérnico comenzó a defender el heliocentrismo, no sólo fue perseguido por ir en contra de lo que decían que decíala Biblia y contra lo que manifestaban los pensadores antiguos, sino porque quitaba al hombre del centro del mundo, al quitar la Tierra, su trono, del lugar privilegiado del Universo. Los defensores de los toros aún siguen profesando esta vacía soberbia humana, tantos siglos después. En realidad, vamos caminando a marchas forzadas hacia la Edad Media.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Antropocentrismo

Esta mañana hablaba aquí de quienes se sienten superiores a los animales y se justifican que puedan disponer de sus vidas a su antojo.

Te pongo ahora otro caso, relacionado con un perro, que aparece también en El País de hoy. Un hombre, arrestado cuando enterraba vivo a su perro. Es evidente que hay que buscar una consideración más igualitaria de los seres vivos. Como decía Ángeles Caso, el hombre es otro animal, uno más.